jueves, 30 de julio de 2015

Tinta Negra

                                                                   
                                                                                              Había papel.                 
                                                                                                         Había una pluma.
                                                                                         Sólo escaseaban palabras.



  Una alud de sonidos se abalanzó sobre él. 
                                    Mas ninguno artículo palabra.



   El ambiente era pesado.Cargado. Meredith retiró las cortinas y abrió las ventanas. Una pequeña brisa empezó a filtrarse en la habitación. Con un pequeño suspiro y media sonrisa contempló la gran extensión de terreno  que se avistaba desde allí. Montañas tan altas que ni alcanzabas a ver la cima. Valles profundos con olor a tierra recién mojada Él no entendía cómo podían fascinarle aquel tipo de lugares a la gente. No entraba en su cabeza. O quizá, porque había dejado de  intentar querer entender.

      John se rascó la cabeza, dudando.

 No le gustaba. No le gustaba estar rodeado de incertidumbre. Del no saber qué hacer y del qué querer hacer. Dudaba, porque él no quería estar ahí más de la cuenta. Y le incomodaba. Contar chistes para sí mismo no había resultado la última vez, resulto ser demasiado incómodo. Reírse uno solo suele ser mejor que mal acompañado. O eso le había enseñado la experiencia.  Observó. Si alguien le hubiera preguntado por qué estaba en aquel lugar, ni él hubiera podido dar una respuesta  satisfactoria. Variopinto y extravagante eran palabras que se ajustaban perfectamente. Una moqueta roja carmesí cubría el suelo de madera oscuro desgastado y rayado, probablemente por el movimiento de algún mueble y el continuo movimiento de varios pares de pies de arriba para abajo.De las paredes, de una tonalidad verde jade, colgaban cuadros modernos y de diversas obras del neoclasicismo e impresionismo. Al fondo, apretado entre una pared y una estantería, se encontraba un escritorio de tono osco y macizo, lleno de papeles y libros con polvo en las cubiertas. Y delante de él se encontraba ella. Ojeando entre los papeles.

Meredith levantó la vista y lo descubrió observando. Con una pequeña seña con el dedo le indicó que se acercara. Normalmente le hacían otro tipo de señas más descaradas, aún así se unió a ella.

-M-I-R-A- artículo despacio con la boca mientras señalaba una hoja que tenía delante.

John se balanceó hacía delante para poder mirar mejor. El papel estaba atestado de garabatos sin sentido, en el medio y  las esquinas, ocultando un pequeño texto de imprenta medio desdibujado que apenas podía leerse.


 " A mi hija Lorelai,  
  Siento mucho no haber estado presente  en el funeral. Podría darte mil explicaciones, mil excusas, que nunca serían suficientes, no para mí, ni para ti. Este espacio que tanto nos gustaba a ti y a mí, hubiera sido precioso si ella hubiera ..."

A partir de aquí la nota ya no se podía leer más.





Volver.
Al negro pigmento tizne.


    *continuará*


















     
 






               

miércoles, 22 de julio de 2015

Descubrir

                                           
                                     El mundo, como una seña compuesta por luces y sombras.
                                                               Repleta.
Ahí estando más de dos o uno, escuchando el devenir.
                                Volando, hasta que sólo quedó un aleteo de esperanza.