miércoles, 3 de febrero de 2010

Prólogo.

Una, dos, tres... Empecé a contar las gotas de agua que caían al suelo. Cuatro, cinco, seis... Parecían como lagrimas, como si la misma celda en la que me encontraba estuviera llorando por mí en vez de ser yo la que llorara. Siete, ocho, nueve....




Y el sonido que producían al impactar contra el suelo me tranquilizaba, comparado con el silencio desgarrador en el que me veía envuelta.


El silencio. Que bonito es a veces estar en silencio, te sientes tranquila y cómoda; te sientes a gusto con quien esta a tu lado, sin sentir la necesidad de hablar y estropear ese momento. Pero este silencio, me hacía querer salir de allí como fuera, derrumbar paredes, puertas, hasta personas si era el caso con el único fin de escapar y no volverme loca. Demasiado silencio. Ningún ruido, ningún susurro, ninguna prueba de que alguien estuviera. Solo estaba yo en esa celada oscura y húmeda. Estaba sola.






De pronto, oí el sonido chirriante de una puerta al abrirse y unos pasos acercarse. Al principio solo distinguí la sombra de una figura humana, pero cuando estuvo bajo una luz y reconocí quien era, el odio invadió todo mi ser, deseando poner mis manos sobre su cuello y estrangularla.






-Vaya, vaya. La bella durmiente al fin se despertó- dijo con un tono de burla en la voz.


-Púdrete!- escupí más que dije.


-Así es como me recibes?- dijo.


Así es como recibo a las zorras como tu- dije.


Su expresión cambio por una de enfadada.


-Uyyy! Vaya como lo siento- dije divertida- te sentiste identificada, bruja?




No dijo nada. Empezó a reírse con una risa digna de una bruja.




-Vas a dejar de ser tan graciosa pronto-dijo con un tono medio de bula, medio de desdén.


-No veo como, bufón.-dije.


-Continuas haciéndote la graciosa eh? Pero pronto se te pasara ya verás ya.-dijo.


Empezó a pasearse por la celda mientras yo la seguía con la mirada.




-Vas a convertirte y ser uno de los nuestros-sentenció más que pregunto.


-No lo haré. Nunca.-dije casi gritando.


-Ya sabía yo que dirías que no.-me miro- por eso si no es por las buenas será por las malas.




Me la quede mirando. Buenas o malas seguiría diciendo lo mismo.


-Antes prefiero estar muerta que pasarme a vuestro lado del mal.


-No dirás lo mismo cuando sepas cuales son las malas-sonrió- vas a sufrir mucho.






Paro de pasearse y se situó delante de mí.






-Querida, sabes que es sentir como se va desgarrando tu alma al ver como tu seres queridos son torturados hasta la muerte?.






No. No podía ser. Ellos dos no. Ellos no.






Se acercó a mi, situándose a mi lado.






-Que tengas dulces sueños, querida-susurro en mi oreja.






Y antes que me diera cuenta, fijo su mirada en mi.






-No....-susurre imperceptiblemente.






Y entonces sucumbí a la negrura total.

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